Teoría del cotilleo


El lenguaje evolucionó como una forma de cotilleo
Yuval Noah Harari

“Cotillear es lo que nos hace humanos”. Esta cáustica observación de Robin Dunbar, espíritu libre de la antropología y el evolucionismo británicos, se complementa con otra no menos provocadora que viene a decir que el chismorreo entre humanos, y por ende el lenguaje, nació para cumplir la misma función social que la actitud de espulgarse tan típica de los chimpancés en sus momentos íntimos.

Sostiene Dunbar que en los animales que viven en sociedad como los primates superiores, la dimensión de los grupos formados guarda una correspondencia con el tamaño de la corteza cerebral de los individuos. Los chimpancés, por ejemplo, constituyen “familias” de hasta 55 ejemplares y dedican el 20% de su tiempo a interacciones sociales, sobre todo táctiles y en pareja. Extrapolando estas cifras a la especie humana, la dimensión de nuestro cerebro daría cabida para grupos estables de unos 150 individuos. Pero, a diferencia de los chimpancés, este número es inasequible para la relación social directa quitándose los piojos. El cotilleo, un entretenimiento humano en que se habla de los demás en todo tono posible, obedecería a la necesidad de establecer intimidades y, a la vez, conocer la actitud de los miembros de la comunidad en conversaciones cruzadas para crear alianzas y otros vínculos. El chismorreo, y la maledicencia que conlleva, no serían así desviaciones de la buena conducta social o efecto amargo de vecinos insufribles, sino la argamasa que sustenta la confianza dentro de las comunidades humanas y define la sociedad.

Aunque Dunbar ha recibido punzantes críticas de multitud de colegas en una sana demostración de chismorreo científico, antropólogos y sociólogos destacados, como el israelí Yuval Noah Harari, se han hecho eco de algunas de sus afirmaciones. Harari repite con suficiencia que los grupos de más de 150 humanos “primitivos” tienden a fragmentarse, al igual que sucede con los de chimpancés de más de 55. En cambio, añade, el avance del lenguaje hasta un grado simbólico permite extender el límite de nuestra confianza a sociedades de miles e incluso millones de individuos. La espiritualidad compartida, la religión y las imágenes devotas, la patria y su bandera, los logotipos y marcas de gran éxito o incluso la adscripción a un grupo musical o a un equipo de fútbol son ejemplos citados por Harari para ilustrar su hipótesis de la existencia de motores de cohesión social a media y gran escala.

Dunbar, impertérrito a todo este revuelo, ha aportado otros datos de interés. Según sus observaciones, el cotilleo es un rasgo universal que se da en todos los ámbitos culturales y niveles socioeconómicos. Él mismo comprobó que, en el comedor de su universidad, las conversaciones entre comensales que compartían mesa se dedicaban en un 70% a cuestiones personales, propias o ajenas, y tan solo en un 30% a temas técnicos, del estudio y la investigación. No mucho más tarde, un genio de la informática descubrió, acaso sin quererlo, el inmenso poder del chisme en la sociedad. Su idea se llamó Facebook y hoy sustenta una de las empresas más exitosas del mundo contemporáneo.

Referencias:
Eduard Punset entrevistó a Robin Dunbar en el episodio “Somos sociables por naturaleza”, del programa Redes (http://www.rtve.es/television/20110426/somos-supersociales-naturaleza/427631.shtml). El catedrático Juan Ignacio Pérez Iglesias ha escrito sobre el número de Dunbar en la revista The Conversation, con un artículo titulado “Nos relacionamos con 150 personas” (https://theconversation.com/nos-relacionamos-con-150-personas-107728). Gonzalo Casino escribió sobre las teorías de Dunbar en un artículo del suplemento de Salud del diario El Mundo (https://www.elmundo.es/salud/1995/137/00613.html). El sitio web oficial del pensador y divulgador israelí Yuri Noah Harari es https://www.ynharari.com/es/.