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Big Data y dataísmo


El dataísmo es nihilismo, renuncia totalmente al sentido
Byung-Chul Han

Según algunas estimaciones, a finales de 2019 se generaban cada día en Internet en torno a 2,5 exabytes de información, una cantidad equivalente a más de 200.000 veces el contenido de la biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. El big data (datos masivos o macrodatos, en el tímido intento por traducir este palabro) preanuncia una revolución en las relaciones y el comportamiento humano al amparo de unas tecnologías informáticas y de comunicaciones en vertiginoso desarrollo. Mientras el “Internet de las cosas” permite computar al detalle las acciones cotidianas de la gente, los medios de comunicación sumergen sus mensajes en un baño de recuentos aritméticos. El éxito de una exposición de arte se mide por el número de personas que adquirieron la entrada, el valor de una iniciativa política, por el monto de la inversión o el rédito económico tasado que espera producir. Las noticias de prensa no se entienden si no se ilustran con guarismos de varias cifras, hasta el rendimiento de un futbolista se evalúa por la distancia que recorre en el campo medida con sensores, el número de pases realizados, la cantidad de disparos a puerta, los balones interceptados y cuantos datos estadísticos sea posible imaginar.

Este enfoque, que permea casi todos los ámbitos de la sociedad, busca no solo desprenderse de la subjetividad, tan molesta para el control político, sino también del interés cualitativo de los fenómenos. ¿Realmente importa más el número de visitantes a un museo que el placer o el conocimiento que adquiera cada uno? ¿Puede medirse el acierto de un proyecto político por el crecimiento del PIB, sin preocuparse por la felicidad o la desgracia que conlleve en los ciudadanos? ¿Es mejor el futbolista que más corre, regatea, intercepta, suda o dispara que el compañero que, desde su sabiduría de estratega, lo orienta en sus movimientos y en la disposición que ha de ocupar en el terreno de juego?

Entregarse a la frialdad de los datos despoja a la vida del núcleo de su esencia. Cada persona, aún inmersa en un océano social y natural que la arrebata, se percibe a sí misma como un individuo con vivencias indubitablemente subjetivas, de igual modo que la respuesta de un paciente a su enfermedad no está predestinada por las estadísticas médicas. Cierto que, desde un plano general, en el big data se trasluce un misterio inquietante: los todavía incipientes algoritmos no solo encaminan a los usuarios hacia las compras que más convienen a sus diseñadores, sino que parecen adivinar las preferencias del consumidor, entender sus gustos, encauzar sus anhelos. ¿Acaso tienen dotes proféticas, o agravan un rasgo patológico que sume al individuo en un sueño de autocomplacencia y dejadez, de pérdida de ganas de reinterpretar sus impulsos internos, de abulia para elegir nuevas sendas con que expresar su voluntad? En cierto modo, el dataísmo como filosofía, creencia o fe de aroma religioso no es sino la evolución de un fenómeno antiguo. Ya el hombre ilustrado, mayoritariamente blanco y europeo, entronizó a la Diosa Razón allá por el siglo XVIII. Aquel rapto de profundo cientifismo alumbró legiones de prosélitos convencidos, grandes descubrimientos y, también, desastres intolerables por la inexacta digestión del significado de la ciencia y sus secuelas entre gran parte de la especie humana. Acaso los dioses dataístas que hoy descienden del Olimpo para darnos consuelo no pretendan sino, como acotara Byung-Chul Han, colmar el vacío de sentido de las sociedades contemporáneas.

Referencias:
Puede encontrarse una primera aproximación al concepto de big data desde el punto de vista tecnológico en la dirección http://www.businessoftware.net/que-es-big-data/. La Universidad Complutense de Madrid ofrece una orientación interesante en un artículo de iniciación a sus másteres (https://www.masterbigdataucm.com/que-es-big-data/). En un artículo de la Fundación Telefónica se han analizado algunos aspectos éticos inherentes a los macrodatos (https://telos.fundaciontelefonica.com/etica-y-big-data/). Para conocer la personalidad del filósofo coreano Byung-Chul Han, que ha reflexionado profundamente sobre el dataísmo y sus efectos en la sociedad contemporánea, puede consultarse el reportaje en El País titulado “Aviso de derrumbe” (https://elpais.com/cultura/2014/03/18/actualidad/1395166957_655811.html). Otro intelectual preclaro en la explicación de este fenómeno es el pensador israelí Yuri Noah Harari, autor de renombrados libros de ensayo como Sapiens y Homo Deus (sitio oficial del escritor en https://www.ynharari.com/es/). El programa radiofónico “A hombros de gigantes” de RNE dedicó un espacio temático al Big Data (http://www.rtve.es/alacarta/audios/a-hombros-de-gigantes/hombros-gigantes-datos-masivos-revolucion-del-big-data-27-10-19/5422574/#).

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