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En los confines del Sistema Solar


La puerta de lo invisible tiene que poderse ver
René Daumal

El 5 de noviembre de 2018 la nave Voyager 2 traspasó una frontera. Tras más de cuatro décadas enviando datos de su viaje cósmico a las estaciones terrestres, se hallaba a unos 18.000 kilómetros de nuestro planeta. Aquel día, la información de sus sensores transmitió un cambio: la nave había abandonado los últimos rescoldos del plasma caliente generado por el viento solar para adentrarse en un vacío aún más profundo. Había entrado en el espacio interestelar. Ya en agosto de 2012 otra astronave, su precursora Voyager 1, había marcado otro hito cuando atravesó la tenue frontera de la heliopausa en la que se separan las zonas azotadas por los vientos solares y los interestelares que provienen de otras estrellas. En su pequeño cuerpo metálico ambas naves pioneras llevaban un mensaje de la humanidad.

La Voyager 2 había sido lanzada al espacio el 20 de agosto de 1977. A bordo, como su precedesora, viajaba una cápsula del tiempo con un centenar de imágenes codificadas y otros muchos datos. El “disco de oro” de las Voyager contenía una información variopinta cuyo objeto era dar pistas a cualquier civilización extraterrestre que la encontrara sobre la esencia de la especie humana. Como una botella con mensaje lanzada al océano cósmico, contenía 116 imágenes, más una de calibración, con sonidos naturales (el viento, las olas en el surf, el tronar de la tormenta) y cantos de aves, delfines, ballenas y otros animales. A ello se unían saludos de bienvenida en 55 lenguas, incluido el esperanto, junto a 90 minutos de una selección ecléctica de pasajes musicales: los conciertos de Brandemburgo de Bach, la flauta mágica de Mozart, la quinta sinfonía de Beethoven, la Consagración de la Primavera de Stravinski, piezas étnicas tradicionales de Benín, Indonesia, Australia y Congo, entre otros lugares, además de mariachis mexicanos, jazz de Louis Armstrong o fragmentos de rock and roll.

Las imágenes, elegidas por el astrofísico estadounidense Carl Sagan y su equipo de colaboradores, comprendían desde fotografías de la Tierra y otros cuerpos del Sistema Solar en el espacio a la estructura del ADN, desde elementos detallados de la anatomía humana al óvulo fecundado o una madre amamantando a un niño, del Monument Valley estadounidense a la Muralla China, de una casa occidental moderna a las cabañas tradicionales del África central. Un compendio de la historia de la humanidad con sus inventos, sus ensueños y anhelos, camina hoy por la hondura del espacio exterior. Con todo, ha de decirse que las Voyager hermanas aún no han abandonado el Sistema Solar. Según los astrónomos, este hecho sucederá cuando alcancen la Nube de Oort, en unos 300 años, y terminen de recorrerla, para lo cual necesitarán en torno a treinta milenios más.

Referencias:
En la versión de Wikipedia en inglés puede consultarse el contenido detallado del Disco de Oro portado por las astronaves estadounidenses Voyager 1 y 2 (https://en.wikipedia.org/wiki/Contents_of_the_Voyager_Golden_Record). La revista Nature Astronomy explicó oportunamente el paso de la Voyager 2 al espacio interestelar (https://www.nature.com/articles/s41550-019-0928-3.epdf?referrer_access_token=g7oH0-Jka0GcgTh0_N108tRgN0jAjWel9jnR3ZoTv0OtRzPnygf9JV_qX0mcYV-YKYknNh3Simtn7Vee9moyy5Up94Eu5PD_phRr4dbH0FhCwPKb5TmKVYWYSYQavTTmT8fykQJkb1T8JcTLPc8DuPya1go64aj1G9JYrfAz6-ev5DYe4CGb_IRYtKf38AtWDYuvjFTM_IWNUPH70XxDNnlBu9oGMn1bCByG5ExUZdhtw55d0fmBxBYSDyVmhHnB&tracking_referrer=elpais.com). Se recomienda también el artículo de El País publicado al respecto en diciembre de 2018 (https://elpais.com/elpais/2018/12/10/ciencia/1544463800_998154.html).

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