Simbiosis y evolución


La joven Lynn Margulis se enamoró de la simbiosis
Jorge Wagensberg

Lynn Margulis cobró celebridad en la década de 1970 por haber formulado, en la estela del camino abierto por James Lovelock, la teoría de Gaia. En esencia, esta idea postula que la Tierra actúa como un sistema complejo autorregulado a partir de la interacción en equilibrio entre los organismos vivos y el entorno inorgánico en el que habitan. Con muy buena acogida popular entre quienes quisieron personificar a nuestro planeta y verlo incluso como un ser vivo y sentiente, la hipótesis de Gaia original, mucho más contenida en sus propuestas, recibió fuertes críticas. Una parte de la comunidad científica la consideraba especulativa y desdeñaba su carácter teleológico. No obstante Margulis, microbióloga precoz e inconformista, ha adquirido un prestigio creciente en las últimas décadas por otro de sus brillantes fogonazos intelectuales: la simbiogénesis, que defiende la importancia de la simbiosis como fuerza impulsora de la evolución de las especies.

Esta mujer se rebeló contra los dogmas rígidos del neodarwinismo y expresó muy pronto su extrañeza ante el principio admitido de que las mutaciones aleatorias favorecidas por el ambiente son las únicas responsables del fenómeno de la evolución. Cierto es que los argumentos canónicos del evolucionismo explican razonablemente los cambios en los linajes de las plantas y los animales a lo largo de los tiempos. Sin embargo, no aportan una razón plausible para un cambio evolutivo previo y fundamental: la aparición de las primeras células complejas, o eucariotas, a partir de las bacterias simples.

En 1966, aún en la veintena, Lynn envió a la revista Journal of Theoretical Biology un artículo visionario sobre la cuestión. Con el título de “On the Origin of Mitosing Cells”, lo firmó como Lynn Sagan porque, ya entonces divorciada del astrofísico Carl Sagan, aún conservaba su apellido. El escrito, a contracorriente de las tesis oficiales, había sufrido el rechazo anterior de más de una decena de revistas. Sin embargo, su impacto en los medios científicos desde entonces no ha dejado de crecer.

En síntesis, Margulis sostiene que los tres orgánulos principales de las células eucariotas, llamados mitocondrias, cloroplastos y cuerpos basales, habían existido como organismos libres antes de asentarse en el interior de las primitivas eucariotas. En ese espacio, de una colaboración múltiple en una forma de endosimbiosis habrían surgido como una entidad única y diferenciada las células eucariotas actuales, que conforman la inmensa mayoría de los organismos multicelulares.

Con su hipótesis de la simbiogénesis, calificada por el divulgador Jorge Wagensberg de “una de las teorías más bellas del mundo”, Margulis ofrecía una elegante solución a un aspecto poco claro de las teorías darwinistas: el salto cualitativo desde las bacterias a las primeras plantas y animales. Los estudios genéticos posteriores parecen confirmar la importancia de la simbiosis en la evolución. Tal vez las teorías heredadas de Darwin deban nutrirse de otros conceptos novedosos para responder a los interrogantes que aún dejan abiertos y a los que con tanto ardor se aferran los grupos creacionistas y los astutos defensores del diseño inteligente.

Referencias:
El divulgador Javier Sampedro se ha hecho eco de la renovada actualidad de la teoría de la simbiogénesis en “La genómica da la razón a Lynn Margulis” (http://elpais.com/elpais/2015/08/19/ciencia/1440001134_537219.html). La idea de Margulis ha sido expuesta por Adam Jacobson en la lección TED “Cómo pensamos que evolucionaron las células complejas” (http://ed.ted.com/lessons/how-we-think-complex-cells-evolved-adam-jacobson#review). El impulsor de la teoría Gaia, James Lovelock, fue entrevistado para el programa Redes de Radiotelevisión Española en el episodio “La senectud del planeta” (http://www.rtve.es/alacarta/videos/redes/redes-senectud-del-planeta/2359667/).