Lo sublime y lo humano


Los actos sublimes están determinados siempre por el entusiasmo de muchos
Eliphas Levi

En un idílico enclave pirenaico del departamento francés de Ariège discurre relativamente plácido el río Vicdessos. Su menguado cauce del presente es vestigio de los impetuosos caudales en que desembocaban las lenguas en retroceso de los circos glaciares durante el Cuaternario, cuando la retirada de los hielos favorecía el lento ascenso por el monte de especies colonizadoras de plantas y animales. La fuerza de aquel cambio penetró el corazón de las rocas, disolviéndolas con el poder de las profusas aguas en corriente para crear en su interior innumerables oquedades y cavernas. Con el paso de los siglos, el cazador prehistórico, en pequeños grupos familiares, siguió pendiente arriba el rastro de sus presas hasta el nuevo borde de la nieve y, en un terreno aún yermo y despoblado de árboles, encontró un refugio ideal para sus quehaceres en las grutas labradas en la roca calcárea. La cordillera pirenaica, como los montes de Cantabria, abunda en yacimientos paleolíticos, algunos tan deslumbrantes que conservan los primeros tesoros del arte occidental: en las pinturas rupestres del Magdaleniense, ejecutadas con ocres y pigmentos naturales hace entre diez y trece mil años, se trasluce el espíritu sensible de hombres y mujeres como nosotros que habitaron aquellas moradas naturales en su lucha continua por la supervivencia.

A orillas del Vicdessos, la población de Niaux equidista de dos de estos yacimientos sitos en sus proximidades: al norte, en la ladera umbría, la cueva de su nombre, rica en representaciones policromas de caballos, bisontes, ciervos y otros grandes mamíferos, al sur, en la asoleada Alliat y a escasos kilómetros, la gruta de la Vaca, con evidentes signos de poblamientos prehistóricos sucesivos pero ausente de toda muestra de arte paleolítico salvo alguna cerámica harto rudimentaria. El contraste entre ambas resulta tan llamativo como esclarecedor. En la cueva de Niaux no se han hallado objetos de la vida doméstica. Las pinturas, su señuelo turístico actual, se ubican al fondo de la gruta, en la mayor oscuridad, en salas vedadas a la luz del día y carentes de utilidad práctica. Las excavaciones de la cueva de la Vaca, sin pintura rupestre alguna, han dejado, en cambio, al descubierto restos de numerosas pequeñas hogueras, arpones, puntas de flecha, buriles, peines, vasijas y utensilios domésticos variados en diferente estado de conservación. Y también huesos, infinidad de huesos rotos y abiertos hasta la médula, aunque ninguno humano...

Casi todo en el estudio de la prehistoria es especulativo. No cabe exponer afirmaciones terminantes a partir de los hallazgos. No obstante, parece sensato suponer que la benevolente gruta de la Vaca hubo de servir de vivienda a grupos familiares que se sucedieron en su ocupación durante el tiempo prehistórico, con interregnos de desploblamiento. Según los expertos, puede estimarse el número de familias sucesivas contando el de hogueras, pues temores supersticiosos llevaban supuestamente a aquellos grupos a evitar el uso de fuegos de los otros para guisar sus delicias culinarias.

También ha de inferirse que la cueva vecina de Niaux jamás sirvió de techo permanente. Tal vez fuera lugar para el espíritu y la imaginación, reservado a ceremonias rituales vinculadas con sus espléndidas representaciones pictóricas, acaso de carácter religioso o propiciatorio de la caza, en la penumbra y el recogimiento de unas salas oscuras iluminadas por tenues lámparas de tuétano. No es aventurado conjeturar que ambas cavernas pudieron ser asiento de los mismos grupos de personas que las usaron a un tiempo: la gruta de la Vaca como residencia, la de Niaux, quizá, como su templo. La asunción corriente del carácter propiciatorio del arte magdaleniense se enfrenta en este caso a un dato incontestable: las pinturas de Niaux exhiben ejemplares magníficos de ciervos, caballos y bisontes, los huesos del “comedor familiar” de la cueva de la Vaca pertenecen, salvo contadas excepciones, a liebres, pajarillos, roedores y animales medianos. ¿La grandeza ambiciosa del espíritu frente a la liviandad sin lustre del devenir corriente?

Referencias:
El artículo de Wikipedia sobre la gruta de Niaux ofrece una información bastante completa de esta cueva (https://es.wikipedia.org/wiki/Gruta_de_Niaux). En francés, el artículo “Grotte de Niaux: l’art magdalénien à son apogée” (http://www.hominides.com/html/lieux/grotte-de-niaux.php) repasa la historia de la cueva y ofrece abundantes imágenes de su interior. En inglés se recomienda la página http://donsmaps.com/niauxart.html, dedicada específicamente a esta cueva. Sobre el simbolismo del arte rupestre puede consultarse “El arte rupestre: el lenguaje enigmático en piedra”, de Mª Rosario Lucas (http://www.artehistoria.com/v2/contextos/6340.htm). Esta historia es un extracto del artículo “De animales y fósiles” publicado en la página web de Acta (http://www.acta.es/medios/articulos/ciencias_y_tecnologia/045019.pdf).