La conflictiva genialidad de Newton


Físicos, guardaos de los metafísicos
Isaac Newton

El inglés Isaac Newton es considerado uno de los grandes personajes de la historia de la ciencia. Varios de sus descubrimientos han resultado fundamentales para el progreso humano. Compiló las leyes del movimiento y la gravitación, inventó el cálculo infinitesimal y formuló una teoría fundamental sobre la óptica y la naturaleza de la luz. Con 45 años publicó su esencial Philosophiae Naturalis Principia Mathematica (1687), y en 1703, cumplidos los sesenta, pasó a ser presidente de la Royal Society de Londres.

Sin embargo, los últimos años de su vida están rodeados de episodios desagradables. Al parecer, en 1696 sufrió una profunda depresión que le dejó secuelas perdurables. Sus pensamientos derivaron hacia motivos místicos y religiosos, cuando no de tintes esotéricos, que lo llevaron a profundizar en las interpretaciones de las profecías de Daniel y de Juan el Evangelista. Al mismo tiempo, su carácter colérico encontró en el filósofo y matemático alemán Gottfried Wilhelm Leibniz un blanco para sus diatribas y sus maniobras políticas.

El juicio histórico es concluyente: tanto Newton como Leibniz encontraron los fundamentos de lo que daría en llamarse el cálculo infinitesimal, uno de los avances más importantes de las matemáticas modernas. También es claro que los dos siguieron caminos separados, paralelos y diferentes para este logro. Pero en vida ambos se enfrascaron en una despiadada lucha para que se reconociera su autoría exclusiva. Cada uno con sus valedores y detractores, iniciaron una agria discusión que enturbió la vida científica de su tiempo.

Newton adquirió una ventaja sustancial: además de un inmenso prestigio, ocupaba la presidencia de la celebrada Royal Society. Esta institución se encargó de nombrar un comité “imparcial” que determinaría a quién de los dos había que atribuir el mérito. Cabe imaginar el resultado de su dictamen: la vindicación de Newton y el absoluto desprecio hacia Leibniz, que pagó así el atrevimiento de haber acusado al inglés de plagio.

Según se supo más tarde, el propio Newton escribió secretamente el informe de la Royal Society, por supuesto favorable para sí mismo. Pero su furia no se extinguió ni siquiera con el fallecimiento del alemán en 1716 (Newton murió en 1727). Durante los 25 últimos años de su vida, el científico inglés no desaprovechó ninguna ocasión para verter su inquina contra Leibniz, y en todo artículo, documento o informe por él firmado incluyó sistemáticamente párrafos denigratorios, en su afán por intentar borrar el rastro del pensador alemán de la historia de la ciencia.

Referencias:
Un artículo muy completo que explica las controversias sobre la invención del cálculo se debe a S. Subramanya Sastry, “The Newton-Leibniz controversy over the invention of the calculus”, de la Universidad de Wisconsin (http://pages.cs.wisc.edu/~sastry/hs323/calculus.pdf). En castellano puede consultarse también el artículo de Bartolomé Barceló “El descubrimiento del cálculo” (http://dcb.fi-c.unam.mx/CoordinacionesAcademicas/Matematicas/CalculoIntegral/documents/articulos/Articulo3.pdf). La serie televisiva Universo matemático dedicó un capítulo, “Sobre hombros de gigantes: Newton y Leibnitz”, a los descubridores del cálculo infinitesimal en tono conciliador (http://www.rtve.es/alacarta/videos/universo-matematico/universo-matematico-20100927-1910/888083/).