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Semillas de vida desde el cosmos

 

Existen dos posibilidades: estamos solos en el universo o no lo estamos. Ambas son igual de aterradoras
Arthur C. Clarke

Para el genial investigador francés Louis Pasteur no fue fácil convencer a sus coetáneos del siglo XIX de que la vida no surge de la nada. Para una sociedad europea aún dominada por la interpretación bíblica del cosmos era fácil pensar que sobre la faz de la Tierra podían aparecer continuamente seres vivos por mero mandato divino. Y así parecía desprenderse de la observación, incluso del sentido común: el agua limpia se puebla de bichejos al cabo de unos días sin que nadie intervenga, o un pedazo de carne dejado en un recipiente, por hermético que sea, termina por llenarse de los pequeños y repulsivos seres de la pudrición. Pasteur desmintió esta hipótesis de la generación espontánea demostrando que tales seres no salen de la nada, sino que ya medraban larvariamente en el agua o la carne, en tamaño microscópico, sin que nos hubiésemos dado cuenta.

La idea de una cadena de seres vivos reproduciéndose ininterrumpidamente desde el origen de la vida en la Tierra se afirmó con las teorías evolucionistas de Charles Darwin. Pero aceptar las hipótesis de Pasteur y Darwin conducía a una nueva pregunta: ¿cómo surgió la primera vida de nuestro planeta? Una de las respuestas científicas más aceptadas sostiene que los primeros seres vivos pudieron formarse por reacciones químicas a partir de la materia orgánica compleja, en unas condiciones atmosféricas y geológicas muy especiales que lo hicieron posible. Tal vez así ocurriera, pero nadie ha sido capaz de reproducir, ni en laboratorio, unas condiciones semejantes.

A principios del siglo XX, el químico sueco Svante Arrhenius se atrevió a especular con una idea revolucionaria: la vida podría haber llegado desde el espacio a bordo de los cometas y los meteoritos cuyos restos chocan continuamente contra nuestro planeta. Esta teoría, bautizada con el nombre de panespermia, no es tan disparatada como muchos en un principio quisieron sostener. Los argumentos de sus detractores son, cuando menos, rebatibles. Invirtiendo el razonamiento de Arrhenius, parece difícil que cualquier forma de vida conocida en la Tierra, aun la bacteria más simple y resistente, pudiera soportar un viaje interplanetario de tales características: las bajísimas temperaturas, la radiación ultravioleta del Sol y los rayos cósmicos probablemente la destruirían antes de que pudiera diseminarse hasta germinar en otro planeta fértil. Pero en la propia Tierra se conocen organismos capaces de sobrevivir en condiciones ambientales inimaginables: bajo el hielo de la Antártida, en las capas altas de la atmósfera, en las costuras volcánicas de los lechos marinos, en el contaminadísimo río Tinto de Huelva, un magnífico campo de investigación de extraños seres que viven de la energía de oxidación del hierro.

Hoy por hoy, la panespermia es una teoría tan especulativa como la generación de vida a partir de materia inerte terrestre. Acaso la búsqueda de organismos en otros lugares del Sistema Solar emprendida por la NASA y la ESA pueda desvelar algún misterio oculto de la biología. No obstante, aunque se demostrara la existencia de vida extraterrestre y se tomara más en serio la posibilidad de que gérmenes cósmicos hubieran inseminado la Tierra, seguiría sin aprehenderse el misterio del origen último de la vida. Simplemente se habría cambiado de escenario, de la Tierra al cosmos.

Referencias:
El artículo divulgativo del diario El País “La vida caída del cielo”, de Fernando Ballesteros Roselló, puede servir de introducción a la panespermia (http://sociedad.elpais.com/sociedad/2009/04/08/actualidad/1239141605_850215.html). En inglés se recomienda un texto técnico del repositorio arxiv: “Panspermia, past and present”, de Paul S. Wesson (http://arxiv.org/ftp/arxiv/papers/1011/1011.0101.pdf). La NASA ha dedicado su atención a este asunto en varios trabajos e investigaciones (véase http://www.nasa.gov/topics/solarsystem/features/dna-meteorites.html). El instituto SETI (http://www.seti.org/) es una organización internacional sin ánimo de lucro dedicada a explorar, comprender y explicar el origen y la naturaleza de la vida en el Universo. En el Centro de Astrobiología (CAB) con sede en Madrid, la panespermia es objeto de frecuentes ponencias, artículos y disertaciones (véase, por ejemplo, la entrada de blog http://www.cab.inta.es/es/noticias/149/panspermia-la-teoria-de-los-meteoritos-fecundadores04-06-2014-el-cab-en-los-medios-blog-del-csic-ciencia-para-llevar-en-20minutoses). La opinión de Stephen Hawking sobre esta cuestión ha quedado recogida en muchas fuentes, entre ellas la reproducción por escrito de la conferencia “Life in the Universe” (http://www.hawking.org.uk/life-in-the-universe.html). El físico Freeman Dyson pronunció una charla TED sobre la búsqueda de vida en el Sistema Solar exterior (https://www.ted.com/talks/freeman_dyson_says_let_s_look_for_life_in_the_outer_solar_system?language=es).
Fecha de publicación en este medio:
03/12/2019
Responsable de esta información:
Antonio Rincón Corcoles

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