A Charles Dickens se le conoce popularmente sobre todo por su inmortal Cuento de Navidad y por su Oliver Twist, un huerfanillo que sobrevivía a duras penas y entre mil peripecias por los sucios, oscuros y laberínticos rincones del Londres de la Época industrial.

Valga esa digresión para decir que no solo un niño inglés hambriento puede ser huérfano; solo en Europa están catalogadas como «obras huérfanas» más de tres milones de libros, un 13 % de todos los libros de Europa con derechos de autor. En otras palabras: una barbaridad.

Conviene explicar ahora qué es o a qué se le llama una obra huérfana... Básicamente se trata de un libro del que se desconoce o ha resultado imposible determinar el autor, los titulares de los derechos o ambas cosas a pesar de una búsqueda exhaustiva, diligente y de buena fe para descubrirlos.

Decidir cómo tratar esas obras o qué hacer por ejemplo con derechos de autor derivados de ellas no es una cuestión vanal ni que deba tomarse a la ligera. Menos aún teniendo en cuenta la gran cantidad de ellas que hay. Para intentar resolver el dilema, existe desde 2012 la Directiva Europea 2012/28/UE, que intenta arrojar un poco de luz al asunto, crucial principalmente para museos, bibliotecas e instituciones públicas, que son quienes suelen acoger a esas obras. Vea en este artículo más detalles sobre tan peculiares huérfanas.

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