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La venta de libros electrónicos


Voy a contar una anécdota personal: hace unos meses compré un libro electrónico que me interesaba en una librería británica de Internet que acepta el pago por PayPal. Antes lo había intentado con otra, también británica, que solo acepta tarjetas de crédito, y al dar el número de la mía me respondió que no aceptaban las tarjetas de ese país (o sea, España). No me parece una situación admisible entre dos países de la Unión Europea y en el entorno sin fronteras de Internet, pero no es de esto de lo que pretendía hablar aquí.

Una vez efectuado el pago, me dieron la opción de descargar el libro que me interesaba. Según la página web de la librería, el libro está en formato epub, que viene a ser el estándar de los libros electrónicos. Pulsé el botón download y efectivamente, me llegó un archivo, pero contenía menos de 100 caracteres: muy poco para ser un libro. Miré lo que había dentro (era puro texto) y vi que eran referencias bastante crípticas, por lo que deduje que el libro estaba en otro sitio.

Leí la letra pequeña de las instrucciones de descarga y descubrí que, aunque la librería usa el formato epub estándar, está modificado para evitar que los archivos se copien, por lo que solo es compatible con Adobe Digital Editions y los lectores de libros electrónicos que lo soporten. Eso sí, te dejan prestárselo a otra persona que, naturalmente, tiene que tener un lector compatible. Durante el préstamo, tú no puedes acceder al libro.

También me dejaron descargar una aplicación que permite leer los libros de ese formato en un ordenador e instalarlo en mi lector, por lo que al fin pude leer el que había comprado. Mientras lo hacía, observé que el cambio de página es rápido, luego el libro protegido contra copia está en mi propio ordenador, no se lo va trayendo de fuera [1].

Este escenario es semejante al que emplean librerías más grandes, como Amazon o Barnes&Noble, para proteger sus libros electrónicos contra la copia: un formato propio o modificado que los hace incompatibles con ciertos lectores, junto con la dificultad de acceder al libro fuera de la aplicación capaz de leerlo. Además, aunque la hayas comprado, tu biblioteca no es tuya, porque no puedes regalarla o legársela a tus herederos, por ejemplo. Como indica la letra pequeña de los contratos de uso, los libros adquiridos son personales e intransferibles, aparte del caso del préstamo. Es decir, en realidad no venden libros, sólo conceden un permiso indefinido de lectura.

Creo que todo esto es demasiado complicado y tiene que cambiar. Estas empresas deberían ser más creativas a la hora de idear soluciones al problema de los derechos de autor, porque todas estas dificultades no hacen otra cosa que fomentar el pirateo. Se me ocurren soluciones más imaginativas, algunas de las cuales ya se están poniendo en práctica:

* Que los autores pongan sus libros a disposición de los lectores de forma gratuita. Cory Doctorow lo hace [2], sustituyendo el copyright tradicional de los libros por licencias de Creative Commons. Yo mismo he puesto a disposición pública varios de mis libros descatalogados [3].

* Que las editoriales hagan lo mismo con parte de sus libros en catálogo. Baen Books [4], por ejemplo, pone a disposición pública parte de los libros de una serie, con la idea de que el público se interese y compre los demás. Esta editorial sostiene que, desde que ofrece gratis algunos libros en formato electrónico, ha aumentado la venta de esos mismos libros en papel.

[1] Analizando lo que hay en mi disco duro, acabé por encontrar el libro en la carpeta USUARIOMis documentosMy Digital Editions
[2] http://craphound.com/
[3] http://www.ii.uam.es/~alfonsec/formul2.htm
[4] http://www.baen.com/library/


Autor:
Manuel Alfonseca
Categoría: Artículo
Fecha de publicación en este medio: Jueves, 04 Abril 2013 14:03
Responsable de esta información: Manuel Alfonseca

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