Print

Internet también contamina


La mayoría de la gente utiliza las tecnologías de comunicación como si fuesen algo etéreo, algo que circula por el aire, algo que simplemente utiliza ondas del espectro electromagnético, algo que transita por el espacio, algo que se mueve por los cables,..., algunos lo llaman ciberespacio, y por lo tanto, no consume nada material.

Si recordamos esa máxima tan sabia que dice que no hay nada gratis, entendiendo gratis no solo como sin coste, sino en su más amplio sentido, como sin gasto, o sin consumo, o sin repercusión, o que sale de la nada, podemos pensar que también los mensajes de correo electrónico, los SMS, los comentarios en los blogs, las fotos en Facebook, los artículos de esta página web, etc., tienen su propio consumo.

Llegados a este punto, la pregunta es: ¿estos consumos son despreciables o son importantes?

Si solo nos fijamos en el coste económico, cada cual decide si le compensa el pago del servicio por la utilidad y el provecho que le proporciona. Además, todos estos servicios proporcionan puestos de trabajo, ayudan a mantener el nivel tecnológico, permiten sostener la investigación, etc.

Bien, parece que si no somos muy extremistas, podemos decir que por el lado económico no hay problema, pero ¿qué pasa con el medio ambiente?

Uno de los principios que se manejan en el control del medio ambiente dice más o menos que todo influye. Está claro que si se trata de una acción muy importante y significativa, influye mucho y muy pronto, y si es una actividad muy simple y reducida, pues depende...

Depende de que esa actividad sea aislada o con poco seguimiento, o por lo contrario, que sea realizada por un número importante de personas y/o máquinas, ya que sabemos que cualquier gesto, por pequeño que sea, si se multiplica por un número apropiado de ocasiones, puede tener una gran transcendencia.

Para trabajar con datos más precisos, veamos un ejemplo.

En una investigación sobre el correo electrónico, realizada por ADEME (Agencia del Medio Ambiente y Gestión de la Energía de Francia), se concluye que enviar un mensaje de correo-e de 1 MB desde un ordenador en Francia a varios destinatarios supone la emisión de 19 gramos de CO2. En principio esta cantidad parece imperceptible, casi ridícula como para tenerla en cuenta pero, tal como se indica en el mismo estudio, si esa cantidad se multiplica por todos los correos que puede enviar un empleado medio francés durante un año, tenemos una emisión de 137 kilos de CO2, y no digamos nada si esta última cifra se multiplica por todos los empleados de una oficina, o por los de una ciudad, o por los de todo un país, o por los de todos los países de Europa, o...

Seguro que estos datos pueden ser minimizados. Podemos decir que la mayoría de los mensajes ocupan menos de 1 MB (aunque algunas veces ocupan más), también podemos sugerir que el cálculo sobre las emisiones de dióxido de carbono está sobredimensionado (en el caso de España sería mayor), o podemos aclarar que muchos mensajes solo los lee una persona (no son pocas las veces que se envían a listas de usuarios), u otras consideraciones parecidas, pero lo que no deja la menor duda, es que hasta una simple acción como enviar un mensaje de correo-e, multiplicada por miles o millones de veces, nos da una cantidad de agresión medioambiental digna de tener en cuenta.

ADEME estima que, en el momento del estudio, se envían diariamente más de 250.000 millones de mensajes de correo-e y que para el año 2013 se puede llegar a los 500.000 millones.

Y además, como no nos conformamos con utilizar solo el correo electrónico, los cálculos que hagamos para este servicio tendremos que sumarlos a los que hagamos para los mensajes SMS, las páginas web, Linkedln, los foros, Facebook, los blogs, Twitter, los chats, YouTube, Flickr, etc., etc.

Hagamos los números que hagamos, la conclusión que debemos sacar de este asunto es que los servicios de Internet producen un impacto medioambiental muy importante y que resulta imperativo controlar nuestras actuaciones en este medio para reducir en lo posible dicha agresión.

Sabemos que todo esto es difícil de concretar en cada caso particular, así que, si alguien necesita ideas específicas, puede elegir entre: no enviar mensajes innecesarios, no responder incluyendo todos los textos anteriores, no participar en las cadenas de reenvíos, no utilizar el teléfono para simplezas, no tener el chat siempre abierto, etc.

thumb
Imagen: digitalart / FreeDigitalPhotos.net - (Página web)

Resumen/conclusión:
Desde esta sencilla reflexión, se invita a que se controle la utilización personal de los servicios de Internet y otros medios de comunicación para reducir su impacto medioambiental.
Un seguimiento mayoritario de esta medida ayuda a mejorar el medio ambiente.


Autor:
Ramón Montero
Categoría: Formación
Fecha de publicación en este medio: Miércoles, 30 Enero 2013 20:22
Responsable de esta información: Ramón Montero

Back