Print

Se acabó la gratuidad


El título elegido para este artículo me recuerda la canción: "se acabó la diversión; llegó el comandante y mandó parar". La canción se refiere a Fidel Castro, que llegó a la Habana en 1959 y decretó que no estaban los tiempos para ser el patio de recreo de los USA.

Con el término de la gratuidad, ese bien (¿es la gratuidad un bien?) tan difundido en los primeros tiempos de Internet como gancho atractivo para facilitar el acceso, me quiero referir concretamente al código de control de la edición de libros, el ISBN (International Standard Book Number)

El ISBN se instauró en España en 1972. En 2009 ha dejado de ser obligatorio, y a partir de 2012 las entidades que quieran tramitarlo deberán pagar por ello. La reforma de 2009 busca, entre otras cosas, evitar el "desbordado" (10.848 títulos en 2010) volumen de publicaciones académicas que no participan del negocio editorial, sino que sólo se editan para facilitar currículo académico a sus autores.

Quizá no lo entendimos bien en su día, pero una de las virtudes que se le suponía a un sistema integrado, total y global, de publicaciones, era la de servir de base de datos única, una gran ayuda para el conocimiento. Se ha venido desarrollando durante todos los años en que la memoria informática era escasa. Y ahora que prácticamente es ilimitada, se recorta el contenido del ISBN. Y me pregunto yo ¿es oportuno prescindir de la crema de la investigación en el panorama editorial? ¿no sería más de agradecer que se buscasen los mecanismos por los que hacer llegar ese tipo de publicaciones a más público del que llegan? Porque, no siendo a través del ISBN ¿qué mecanismos nos quedan para conocer las publicaciones no venales? ¿Debe intervenir la Administración para suplir la falta o debe simplemente dejarse apagar el sector, enquistado en los servicios de publicaciones de los correspondientes organismos?

Si analizamos las tres leyes del libro que ha habido en España, la de 1946, la de 1975 y la de 2005, vemos que siempre se ha mantenido un interés manifiesto por promover la cultura desde dicha ley. En la primera ley abaratando los cánones a la exportación y favoreciendo la compra de papel, en la segunda reduciendo el iva y los envíos por correo y promoviendo el precio fijo de los libros, y en la tercera manteniendo el precio fijo como norma aunque aceptando la liberalización del descuento en los libros de texto.

Esa política de protección de la cultura ¿no entra en contradicción con las nuevas pautas y criterios del ISBN? Cuando se incorporó el ISBN en el año 72, la clasificación por materias se hizo en base a un criterio más "comercial" que el adoptado por la Bibliotecas desde finales del siglo XIX (la CDU, Clasificación Decimal Universal). Por los años 80 se terminó aceptando que trabajar con dos sistemas de clasificación era contraproducente y el ISBN se avino a trabajar con la CDU. Ahora nuevamente se plantea un cambio de sistema clasificador alegando poca "claridad comercial" por parte de la CDU. ¿Es sensato pensar que se ha de facilitar el comercio del libro restringiendo materias y grados de especialización? ¿No estamos castrando la riqueza editorial española de la que venimos haciendo gala desde hace más de 40 años?

Algún día defendí, hablando del advenimiento de Internet, que el siglo XX había sido el de las revoluciones hardware, y que al siglo XXI le correspondía el tiempo de las revoluciones propias de la sociedad del conocimiento, las revoluciones software. Quizá convenga recordar que un buen software no es el que ciñe un problema a un campo restringido, sino el que es capaz de abordar toda la complejidad acumulada en el campo que vaya a abordar.


Amancio Delgado. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

P.S.: ¿Por qué me considero autorizado para opinar sobre asunto tan concreto? Porque en 1975 completé los cursos de Librería del INLE (Instituto Nacional del Libro Español), porque hasta el año 1980 pude conocer la realidad librera desde la óptica de la librería, porque hasta el año 1985 pude conocer esa misma realidad librera desde la óptica de la distribución, y porque hasta el año 1998 tuve la grata oportunidad de seguir de cerca la evolución de la Autoedición, primero como comercial de Apple, luego como comercial de una empresa importadora de maquinaria offset y últimamente como redactor de la revista MacWorld. Y aunque a partir de 1998 y hasta 2004 no retomé contacto con el entorno de la distribución, nunca he dejado de interesarme por el desarrollo del libro, que considero el mejor invento de la historia de la humanidad.


Autor:
Amancio Delgado
Categoría: Opinión
Fecha de publicación en este medio: Viernes, 19 Agosto 2011 11:42
Responsable de esta información: Amancio Delgado

Back